Pienso yo que esto de la bloggosfera merece ser objeto de estudio. Probablemente ya lo ha sido. Y es que resulta sorprendente la rapidez con la que muchísimas personas en todo el mundo hemos aprovechado de inmediato el altavoz que nos ofrece internet para escribir sobre lo que nos viene en gana. No sé exactamente por qué razón me decidí a escribir esta bitácora, pero lo cierto es que, hoy por hoy, es una decisión que no cuestiono. Simplemente escribir en Oteando me divierte, más allá del mucho o poco eco que pueda llegar a tener.
Es cierto, sin embargo, que la posición que cada uno ocupa obliga a tomar ciertas cautelas al moverse por la bloggocosa porque, como en ocasiones me ha ocurrido a mí, algunos no siempre entienden lo que es una bitácora y tienen cierta tendencia a utilizar sus contenidos de manera interesada, si no miserable.
Algo parecido les ocurre a mis compañeros de la Universidad que se deciden a dar el paso a la abogacía. No es infrecuente que sus oponentes en algún proceso les recuerden conclusiones alcanzadas en sus trabajos académicos cuando no resultan propicias a las tesis que defienden en el proceso. Cosas de la letra impresa. Una bitácora no es letra impresa, pero queda, de momento, reflejada en la bloggocosa. Ejerciendo esta afición desde mayo de 2007 he publicado ya 306 comentarios, incluido éste, y son cerca de 41.000 las visitas recibidas.
Y, por último, una noticia. Vuelvo a la Dirección General de Vivienda y Rehabilitación del Gobierno de Aragón. Allí trataré de continuar una labor que inicié en 2003 y que han mantenido quienes desde 2005 desempeñaron ese cargo. Aunque los tiempos que corren, evidentemente, son muy distintos y esto de la vivienda y el urbanismo no funciona ya como lo hacía en 2003 y, probablemente, no lo volverá a hacer. Sólo el tiempo desvelará esa incógnita.





